miércoles, 20 de febrero de 2008

La pancita sigue creciendo




Mientras tanto los movimientos de la bebita cada vez son más intensos. Puedo colocar la mano sobre la panza y sentir unos movimientos internos. En varias ocasiones durante el día se acomoda en alguna posición donde es posible palpar alguna parte de su cuerpecito. La pancita cada vez más grande, ahora esta en tan solo kilo y medio y para los nueve meses, es decir, dentro de nueve semanas, podría llegar a tres kilos. Ha comenzado a crecer aceleradamente.

Hay muchas cosas increíbles en todo como el poder de la vida. Por ejemplo, que esos tres kilos se puedan alojar al interior de un útero diseñado por la evolución.
Y pensar, que la vida quizá sea, una milagrosa combinación química.

Van 32 semanas



Faltan nueve semanas y continua la cuenta regresiva. Mi esposa lo dice muy bien: “Podría nacer dentro de dos meses como podría nacer mañana” Dentro de un par de semanas sabremos finalmente si la placenta continua baja o no, de eso dependería una cesaría.

Desde la semana pasada cuando recibo una llamada de mi esposa lo primero que viene a mi cabeza es que no haya pasado nada malo. Y si es que ya están comenzando las contracciones de un momento a otro, que no hayan complicaciones. Solo queda confiar en el poder de la naturaleza.

Un amigo me contó que entre los primates la duración del periodo de gestación esta en relación con el tamaño del cerebro, el destete, la madurez sexual y otros factores. Teniendo en cuenta las dimensiones de nuestro cerebro y otros factores, como especie nos correspondería un embarazo no de nueve meses, sino de ventiun meses.
De alguna manera como especie, todos somos prematuros.

Qué dicen los astros?



Según el horóscopo chino, Nina-Estrella será una niña Rata. Sus padres son buey y hay la historia que cuenta que la rata es conocida por haber “engañado” al buey.
Me gustaría saber qué dice el horóscopo chino al respecto.

lunes, 11 de febrero de 2008

Estrella y Nina




“En la noche brilla tu luz.
De dónde, no lo sé.
Tan cerca parece y tan lejos.
Cómo te llamas, no lo sé.
Lo que quieras que seas:
¡luce, pequeña estrella!”

(vieja canción infantil de Irlanda)

Estamos entre dos nombres: Estrella y Nina.
Por el momento, el que va gustando más es Nina.

Finalmente, mujercita



Hace pocos días, recién en la cuarta ecografía en la que además no pude estar presente, se pudo ver al fin con precisión, cual era el sexo del bebé. Me quedé con las ganas de verlo con mis propios ojos, dos días después volvimos a la clínica, esta vez con el padre presente y nuevamente, no se dejo ver. La pequeña mujercita resultaba siendo una bebé muy pudorosa.

El proceso de saber cuál sería el sexo del bebé ha sido un proceso de idas y venidas que ha durado más de seis meses. Todo comenzó con una ecografía inicial donde el doctor pronostico la formación del órgano sexual masculino, es decir, sería hombre. Esa primera noticia no me entusiasmo para nada, el azar de la naturaleza se imponía sobre mi deseo e incluso recuerdo que ese día, terminé con un intenso y migrañoso dolor de cabeza. Estaba demasiado ilusionado con la idea de una mujercita. Fue un golpe. Hace mucho tiempo que la había fantaseado, hasta había conversado con ella a través de juegos con Carolina, mi esposa. Descubría además, una profunda vocación de chancletero mientras caía rendido escuchando los relatos de hijas que adoraban a su papá.
Por el contrario, las fantasías del hijo hombre me resultaban complicadas. Qué tipo de padre podría ser yo, qué tipo de referente podría ser con mi escasa pasión por el fútbol y mis negados conocimientos sobre taladros, autos y otras tantas aficiones masculinas.

En las siguientes semanas intente irme haciendo de la idea de un hijo hombre, tampoco es que me pareciera terrible, no, pero buscaba reconciliarme con esa posibilidad. Mientras tanto, vinieron dos ecografías más donde por la posición del bebé era imposible saber su sexo y la incertidumbre continuaba. Comenzamos a pensar en Joaquín como un posible nombre.

Y recién ahora, al día siguiente de enterarme que definitivamente sería una mujercita me descubrí añorando a Joaquín. De pronto intuí qué pasaba con la figura del hijo hombre, por qué me resultaba más difícil y amenazante. El fantasma del padre ausente, la ausencia de un vínculo que es parte de la identidad, un vacío poblado de fantasías y preguntas sin respuesta. Descubría una ilusión a la que le temía: el vínculo padre-hijo y la posibilidad de una experiencia de sanación, de alguna manera, cerrar una especie de circulo en la vida.

Finalmente, la paternidad sigue siendo una puerta abierta y tampoco hay que cargar demasiado a los hijos. Simplemente, alguna vez tuve la pesadilla de desaparecer y salir huyendo a los pocos meses del embarazo, pero ya van siete y no he huido.

jueves, 31 de enero de 2008

La naturaleza del vínculo



El primer libro de Auster que leí como hace un par de años fue “La invención de la soledad”, libró que comenzó a escribir tras la muerte de su padre. El libro tiene dos partes, la primera se titula “Retrato de un hombre invisible” y la otra, “El libro de la memoria”. En estos días volví a sus paginas y terminé encontrándome con algunos subrayados que de alguna manera hablan de la naturaleza del vínculo padre- hijo

“… mi padre aprendió a no confiar en nadie, ni siquiera en sí mismo. Siempre iba a venir alguien a demostrar que lo que había pensado estaba mal, o que no contaba para nada. Aprendió a no desear nada con demasiado empeño.”

“…había comprendido el verdadero significado de la paternidad: la vida de su hijo le importaba más que la suya, y si su propia muerte hubiese servido para salvar a la su hijo, la habría aceptado sin dudar…”



“El niño olvidará todo lo que le ha ocurrido hasta ahora, sólo quedará un ligero resplandor, y tal vez ni siquiera eso. Las miles de horas que A. ha pasado con él durante los tres primeros años de su vida, los millones de palabras que le ha dicho, los libros que le ha leído, las comidas que le ha preparado, las lágrimas que le ha secado, todas esas cosas se desvanecerán de su memoria para siempre”

“Puesto que el mundo es monstruoso, puesto que no parece ofrecer ninguna esperanza de futuro, A. mira a su hijo y se da cuenta de que no debe abandonarse a la desesperación. Cuando está al lado de su hijo, minuto a minuto, hora a hora, satisfaciendo sus necesidades, entregándose a esta vida joven, siente que su desesperación se desvaneces. Y a pesar de que continua desesperándose, no se abandona a la desesperación…”



miércoles, 30 de enero de 2008

Mi padre era Dios

“Los niños tienen la tendencia a despreciar o exaltar a sus padres, y para un buen hijo su padre es siempre el mejor de los padres, al margen de si tiene o no una razón objetiva para admirarlo” Marcel Proust.

Es probable que la mayoría de niños que tuvieron un padre presente y cercano, al que amaron y por el que sintieron una profunda admiración, entonces en algún momento de la infancia hayan experimentado la experiencia de creer que su padre podría ser Dios.

“Creía que mi padre era Dios” es el titulo de un libro del escritor norteamericano Paul Auster que en un momento se convirtió para mi en una especie de figura paterna literaria. Se trata de un libro de 180 relatos breves que hablan de distintos aspectos y situaciones de la vida cotidiana. La idea del libro siempre me gusto. Auster invitó a los oyentes de un programa de radio a participar contando una historia verdadera y las convirtió en libro.

Hace unos días me entusiasmo la posibilidad de crear un Blog con una especie de invitación abierta para compartir y contar historias sobre los vínculos con nuestros padres. La imagen del padre, recuerdos, la naturaleza del lazo, sus fragilidades, fascinaciones y conflictos. Siempre he escuchado que desde que un hombre es padre, por lo general, el vínculo con su propio padre comienza a cambiar, algo sucede entre ellos.

Imaginaba también una especie de capitulo sobre hijos que por distintas razones no conocieron jamás a sus padres. En los últimos años he sentido una profunda curiosidad por las distintas experiencias de ausencia paterna, me pregunto por ejemplo si existen algunos rasgos comunes aunque en cada historia es finalmente única.

Finalmente el vínculo como el no-vínculo con el padre nos marcará para toda la vida, muchas veces, más de lo que sospechamos.